SÍNTESIS DE PRENSA



"Una genial puesta en escena de Claudio Valdés Kuri".
Distante de las puestas de fiesta de Corpus y parroquia, Valdés Kuri impone a la versión (del auto sacramental) su sello directorial contemporáneo. Elige un amplio grupo de actores-músicos -todos varones-, que no sólo saben decir los intrincados y líricos versos de Calderón, sino también tocar instrumentos y cantar magníficamente. A la manera de las pastorelas mexicanas, pero también siguiendo la tradición del teatro de Sor Juana Inés de la Cruz y otros dramaturgos coloniales, Valdés Kuri en parte "mexicaniza" vestuario, instrumentos, melodías. Transforma la alegoría de los elementos, con sus largas faldas de colores y los torsos desnudos de los cuatro actores, en auténticos personajes-jeroglíficos, esfinges de una realidad otra, plenas de sugestión. El director mexicano consigue que la atención del espectador sea tomada en plenitud y se vea atrapado por una fuerte estimulación. El encanto de la puesta y la fuerza del acontecimiento teatral resultan hipnóticos.

Jorge Dubatti
El Tiempo, Buenos Aires, Argentina; 22/ Feb/ 2015

Con mínimos elementos escenográficos, un vestuario sobrio, moderado y el demandante trabajo actoral que exigía a los 14 los actores en escena el bailar, tocar instrumentos musicales, cantar o recitar los complejos versos del texto de Calderón de la Barca, esta versión de Claudio Valdés Kuri se concentra en el misticismo, la alquimia y el simbolismo de la pieza.Ciertos Habitantes hace atemporal La Vida es Sueño, Auto Sacramental, aunque fuera escrita alrededor de 1670, y su audaz montaje confirma el sobresaliente lugar que esta compañía mexicana tiene, orgullosamente, en el teatro internacional, además de la multidisciplina de sus integrantes y el dinamismo escénico.

Patricia Martín
El Financiero, 19/ Feb/ 2015


Valdés Kuri apostó por un estilo actoral -hasta sus últimas consecuencias-, sí, pero razonado, respetando el verso, el canto, el baile y la música… Más de año y medio de ensayos antes de estrenar, para abordar un texto barroco que gracias al montaje es agua cristalina, ahí donde el hombre pierde sus sentidos y donde “el mal” hinca sus dientes para sacarlo de la órbita del “bien”: un espectáculo infinito.Trece hombres que se transforman en lo femenino y lo masculino. Seres humanos que se pierden entre lo aparente e ilusorio, entre la fe y la pérdida de creencias, entre el miedo y la culpa, entre la moral religiosa o la verdad de la ciencia. Con Calderón, Valdés Kuri nos deja atribulados en la elección personal: si Dios es el agraviado, la culpa humana es infinita. O no: satisfacción infinita, sin el temor de Dios. El público puede elegir, según su cultura.La dirección escénica es una sorpresa más allá de lo religioso. Actores que son actrices, que son músicos, que son bailarines, que son cantantes, que son extraordinarios en la significación de la palabra, que son arte actoral sin restricciones de ningún prejuicio. Si es cierto, como dice Nietzsche, que “el estilo barroco surge cada vez que muere un gran arte”, loas al gran arte de Valdés Kuri y su equipo.

Braulio Peralta
Laberinto Milenio, Ciudad de México, 30/ago/2014


Poco se conoce de la Vida es Sueño que Calderón reescribió cuarenta años después en forma de auto sacramental. Ahora, la Compañía de Ciertos Habitantes, bajo la dirección de Claudio Valdés Kuri la lleva al escenario de manera provocativa y audaz, despojando al teatro barroco de todos sus aditamentos y proponiendo un espacio vacío donde los actores, la música, el movimiento y la iluminación, crean la obra.La puesta de Valdés Kuri basa su estética en pensamientos filosóficos de la época como la alquimia y la geometría sagrada. Con rayos luminosos proyectados en el piso aparece el círculo, el triángulo, el cuadrado y hasta el pentágono –como el proceso del conocimiento-; líneas que guían a los personajes a transitar geométricamente por el espacio, y al lugar lo vuelven místico, abarca el macrocosmos del universo o el microcosmos del individuo.La puesta en escena de Ciertos habitantes apuesta por una visión poliédrica del actor que baila, canta, toca instrumentos e interpreta diversos personajes. Todos son hombres, alejándose del concepto de lo masculino como protagonista o lo femenino como “la gracia”La belleza de la puesta en escena es un elemento fundamental en la apreciación de la obra; una belleza violenta y armónica a la vez, reflexiva y profunda, juguetona y provocadora.La inquietud espiritual del director significa un motor creativo que lo vuelca al teatro dándole diferentes formas. Con La Vida es Sueño nos regala, junto con la Compañía, una experiencia enriquecedora.

Estela Leñero
Proceso, Ciudad de México, 10/ago/2014


La correspondencia en verso entre teología, ciencia matemática, geométrica, música, humanismo, símbolos, alquimia, luz, sombra, nacimiento, muerte y redención, toman forma, sonido, ritmo y lugar en La vida es sueño, auto sacramental que Claudio Valdés Kuri lleva a escena con catorce actores, bailarines, músicos, instrumentistas y cantantes que sacuden el texto de Calderón de la Barca hasta extraer prístino su significado.Valdés Kuri resuelve el complejo desafío de plasmar sobre el escenario personajes alegóricos como la Tierra, el Agua, el Fuego, el Aire y dones como el Poder, la Sabiduría, el Entendimiento y el Albedrío, además del Amor, la Sombra y la Luz y los hace dialogar desde la amplia capacidad del cuerpo y la voz humanas para expresar los sagrados misterios, cuya base parte de la sencillez de mente, la pureza de corazón y la humildad.La coreografía rítmica, geométrica, con que da inicio el montaje, establece un fuerte magnetismo entre espectadores e intérpretes que se mantiene durante la mayor parte de la escenificación, hasta la contundente escena de la expulsión del Paraíso, cuyo contenido sexual y de violencia hace que parte de la audiencia —masculina, sobre todo— intente huir aunque sea con la mirada, de lo que acontece sobre el escenario.La pugna hacia la luz y el renacimiento de un nuevo ser limpio de culpa sucede sobre un escenario sin telones ni afores, con un vestuario sencillo y eficaz, bajo una luz que desnuda y una música en vivo que transporta, sobre el vehículo de la expresión artística total y desde la sabiduría del siglo XVII hasta la toma de conciencia del individuo en una actualidad ligada con fuerza al conjunto universal que nos determina.

Alegría Martínez
Laberinto Milenio, Ciudad de México, 2/ago/2014


Calderón de la Barca escribió comedias, autos sacramentales, los entremeses y obras menores, sin duda nunca pensó que Claudio Valdés Kuri iba a tropicalizar La Vida es Sueño con trazo ágil, desplazamientos mágicos, velas, sogas, invocaciones de carácter esotérico, en tanto se lanzan espirales de versos del siglo XVII.En el equipo de apoyo encontramos una larguísima lista, un ejército para lograr esta hora y media de Alquimia; que es complementada por ejercicios que Valdés Kuri usa para calentar, ejercitar, sumergir a sus actores en este viaje místico, mágico, alquímico. El arte del trívium y el quadrivium, la geometría sagrada de la filosofía pitagórica va apareciendo y el que sabe entiende por dónde van y qué extrañas fuerzas están desatando en el escenario.Muy recomendable, agradable, y llena de elevada experimentación conceptual.

Benjamín Bernal
El Día, Ciudad de México, 28/jul/2014


Destaca la potencia del grupo y la indudable capacidad de su director. Es un teatro que reivindica la herramienta básica de este lenguaje, es decir, al actor en toda su potencia y desnudez. No hacen falta artilugios escenográficos. El espacio vacío de un teatro a la vista, de un teatro que se menciona a sí mismo a través de la energía, la creatividad y la multiplicidad de habilidades. Un cuerpo que ocupa el espacio creándolo, volviéndolo música y forma a través del rigor y el conocimiento empleado con extrema coherencia. Es decir, que puede rescatar los principios del barroco sin ilustrarlo, actualizando voz y forma sin perderse del origen.La obra se transforma en un tratado sutilmente ilustrado como si fuera un cuadro del Bosco (150 años anterior) abarrotado de pequeñas figuras que tanto pueden leerse anecdóticamente como encarnarse en los principios de la transmutación. Es posible que esto corresponda a una interpretación justa – tal vez – pero al menos dudosa en manos de un escritor pecador sí, pero extremadamente católico como era el nuestro. Y sobre todo muy difícil de leer desde esa perspectiva sin una pequeña iniciación…salvo que consideremos a la obra como tal, aún sobre un público desprevenido y poco conocedor de estos vericuetos entre científicos y teológicos.En definitiva, una obra adulta y para adultos que definirán cual es el discurso de su preferencia en una espléndida fiesta de también madurez teatral.

Bruno Bert
La escuela del espectador, Ciudad de México, 23/julio/2014


Vivir es soñar: alquimia, danza y canto de ciertos habitantes.
Un montaje que, entre danza, música y canto, transcurre de lo divino a lo carnal; del entendimiento al delirio. Una coreografía sencilla antecede a la función. Catorce hombres empatan movimientos sobre el escenario. Su danza augura lo que viene: un montaje vertiginoso y preciso alejado de los cánones de representación exigidos por el género teatral.Una propuesta que refresca el texto clásico y le otorga nuevas dimensiones. Una obra que, pese a que está situada en un contexto religioso y posee cierta complejidad filosófica, dialoga con cualquier espectador y es cercana a él: a las decisiones que se toman día con día.

Mayté Valencia
Frente, Ciudad de México, 17/jul/2014


Escucha uno el término “Auto sacramental” y la verdad se pone nervioso. ¿No me iré a aburrir? ¿Le entenderé?. Por fortuna, además del título (La Vida es Sueño) se anuncia también el nombre del director, Claudio Valdés Kuri, uno de los creadores más versátiles, interesantes, propositivos, innovadores y talentosos de escena mexicana de las últimas décadas, por lo que la garantía de calidad del montaje es casi previsible.Junto con su compañía, Teatro de Ciertos Habitantes, Claudio se ha colocado como uno de los directores latinoamericanos más prestigiados, reconocidos y premiados en el mundo entero, siempre causando impacto y sorprendiendo con un talento y una creatividad inagotables. Y esas mismas virtudes están presentes a manos llenas en La Vida es Sueño.Ante los ojos del maravillado espectador desfilan personajes como La Luz, El Albedrío, La Sabiduría, o los cuatro elementos, que cobran vida en las soberbias, sin exagerar, interpretaciones de 14 actores que sorprenden por su talento y versatilidad, pues no solo actúan, sino que cantan, bailan y tocan instrumentos musicales con un rigor y exactitud que hay que aplaudir.Una vez más, Valdés Kuri sorprende con una lectura que acerca al espectador del siglo XXI un texto escrito hace 500 años. Sin perder su profundidad original, pero con un lenguaje visual, musical y sonoro de hoy, el auto sacramental La vida es sueño se muestra en toda su magnificencia y apabulla al espectador, que no puede más que sentirse pequeñito frente a la inmensidad de la creación y el universo.Música moderna, sintetizadores, rayos láser, sones jarochos y bailes veracruzanos se entremezclan en una puesta en escena que es indispensable ver.

Hugo Hernández
Milenio, Ciudad de México, 10/jul/2014